Derrotar a Keiko sin ninguna ilusión en PPK

Derrotar a Keiko sin ninguna ilusión en PPK

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Se conmemoró el Día Internacional de los Trabajadores y la Presidenta de la CGTP, Carmela Sifuentes llamó a la resistencia obrera y popular a propósito de las elecciones presidenciales en segunda vuelta,  fijando con claridad la perspectiva de los trabajadores desde la independencia política del sindicalismo clasista, anticapitalista y/o socialista.

Sabíamos antes de la primera vuelta que una  catástrofe derechista nos amenazaba y está confirmado al gusto del capitalismo neoliberal, de las trasnacionales y de la oligarquía. Están en el circo Keiko Fujimori (FP) y Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ambos servidores del mismo amo que en el fondo se parecen tanto que a simple vista no nos permite escudriñar sus diferencias.

Pero los trabajadores no somos simples espectadores. Del triunfo de uno/a y la derrota del otro/a dependen cinco años de una nueva situación económica, política y social del país y nuestro voto es decisivo.

Hasta hoy, hay quienes por mantener la pureza de los principios llaman al voto viciado o nulo, es decir por ninguno, pero eso debe corresponder con la realidad y encontramos que en política no hay aritméticas rígidas sino conciencia social y por los reacomodos en la propia derecha, no se anularían las elecciones en segunda vuelta porque la ley señala que se necesitan 66.6% del total de votos válidos.

Otros sostienen que para derrotar a Keiko Fujimori, por su pasado dictatorial y corrupto del régimen de su padre y ahora soberbios y amenazantes hay que respaldar al contendor PPK; sería el “mal menor” del presente curso. En este caso el fujimorismo tendría el control del Legislativo, pero no el Ejecutivo y por lo menos habría un equilibrio de poderes para garantizar la democracia burguesa. Es razonable porque la política está ligada a la estrategia y táctica de los actores en conflicto. Los millones de trabajadores son actores activos con una visión y una misión desde la izquierda y desde los intereses soberanos de la patria.

Mantener la independencia política de clase de modo dialéctico significa ligar la táctica en movimiento a la estrategia fija y no al revés en los resultados lógicos. Si algo nos hace falta es aplicar en el análisis “El Arte de la Guerra” de Zun Tzu o “¿Que hacer” del Gran Lenin. Este señala que 1) hay que concentrar todo el potencial del fuego contra el enemigo principal, 2) Crear contradicciones en el campo contrario y 3) Ganar aliados por muy débiles o circunstanciales que sean.

En consecuencia, persistir en el voto nulo o viciado desde el clasismo y la izquierda es convertir a los principios en dogmas, en respuestas emocionales o sólo en resentimiento. Estamos en conflicto, en confrontación o literalmente en guerra y no en un laboratorio de química.

El mal menor sería PPK con el que se podría dialogar y luchar en el marco democrático burgués; pero en nuestra experiencia, el mal menor siempre ha resultado peor, fundamentalmente por nuestras responsabilidades como movimiento político-sindical-popular e inherentes debilidades como la indiferencia al fortalecimiento de las organizaciones o todo espacio de poder así como el abandono de la militancia partidaria, la escasa formación ideológica ha permitido hacer peores a los males menores porque después de cada elección dejamos que los elegidos gobiernen a su antojo en favor de todo tipo de explotación, incluida la laboral, sin ningún esfuerzo por cambiar la correlación de fuerzas a favor de la clase trabajadora. Esta situación no tiene que ser la misma de antes porque hoy contamos como oposición una fortaleza denominada Frente Amplio (FA).

Y el FA tiene que sumar y multiplicar en la reconstrucción de la izquierda. Ese es el espacio de mayor atención como instrumento de lucha política y social así como la CGTP en la lucha reivindicativa y entre ambos y con respeto a sus fueros, debe existir coincidencias en la línea de confrontación contra el continuísmo neoliberal preparando la resistencia democrática contra el lobbyismo ppkausista en defensa de la soberanía nacional, derechos laborales y humanos, contra la violencia y la corrupción, por nueva Constitución Política, entre otros tantos aspectos; que sería menos posible con la restauración del fujimorismo en el gobierno. Entonces, sin ningún ápice de ilusión en el ppkausismo, derrotemos al fujimorismo.